Sanación

“ ... así como la mente, a través de la sanación por fe, puede concentrar directamente sus ondas cerebrales en una célula del dedo o del pie y proyectar sanación a través del vehículo turaya integrado en el corazón, los Señores de Luz pueden usar radiaciones Estralím tipo laser para proyectar energía desde el vehículo Merkabah a nuestro sistema turaya para la educación del ser humano y/o reparación del programa.”
“El libro de Enoch: Clave 301;31” J. J. Hurtak


...
El caso más extraordinario y el que me enseñó que realmente no existen límites, fue el de una niña, quien en una operación convencional había sido sobreaneste­siada, dejándole su cerebro muerto por la falta de oxíge­no. Los padres, desesperados después de ver una docena de neurólogos, dieron con Pachita y le pidieron ayuda. Pachita aceptó y la segunda operación que vi aquella primera noche, fue un trasplante de corteza cerebral en la niña sobreanestesiada.
Aquello fue demasiado difícil para mí.
Durante más de diez años me he dedicado a investigar algunos aspectos de la fisiología cerebral y aunque me considero bastante revolucionario entre mis colegas, jamás me imaginé, ni podría haber aceptado, que una parte del cerebro pudiera trasplantarse de un ser huma­no a otro. Jamás lo hubiera aceptado de no haberlo visto, pero el caso es que lo vi y eso me transformó tan profun­damente que a partir de ese momento, todas mis con­cepciones psicofisiológicas cambiaron. La niña era un “vegetal” que no se movía ni hablaba ni controlaba sus esfínteres. En esa operación, y en cuatro subsecuentes, “Pachita” cortó el cuero cabelludo con el cuchillo de monte y después abrió el hueso del cráneo usando un pedazo de sierra de plomero.
Yo veía eso y parte de mí pensaba que no era cierto y otra que era maravillosamente real.
Después “Pachita” hizo aparecer una sección de cor­teza humana, tomó un pedazo en sus manos, le lanzó su aliento y le ordenó que viviera: ¡vive!, ¡vive! le gritaba.
Después, con la ayuda del cuchillo, introdujo el peda­zo de corteza al cráneo de la niña y con una serie de movimientos extraños, lo dejó depositado allí. Por fin, la herida se cerró después de que yo fui invitado a colo­car mis manos encima de la misma. A eso se le llamaba saturar. La niña fue vendada y devuelta a sus padres.
La operación se realizó sin anestesia, sin asepcia y considerando su magnitud y seriedad, lo que se podía haber esperado como mínima reacción era una menin­gitis fulminante. En lugar de ello, la niña se presentó a los quince días para una nueva operación, sin infeccio­nes, sin haberse muerto de shock postoperatorio y con algún síntoma de mejoría. De hecho, después de cuatro operaciones similares a la descrita, yo vi a esa niña empe­zar a tener movimientos voluntarios, balbucear vocablos, quejarse de dolor y molestias y sonreír, ¡sí! ¡sonreír!
Cuando yo vi sonreír a esa niña y alcancé a compren­der los motivos de su alegría, entendí que lo más funda­mental es lo de mayor alcance espiritual, lo que cual­quiera comprende, lo que se encuentra presente en todos los niveles, lo clásico, lo que se siente como certeza y mismidad.
Los Chamanes de México, Volumen III PACHITA; Grinberg-Zylberbaum, Jacobo


“6Si la mente puede curar al cuerpo, pero el cuerpo no puede curar a la mente, entonces la mente tiene que ser más fuerte que el cuerpo. 7Todo milagro es una demostración de esto.”
Un Curso de Milagros

“2Toda clase de enfermedad, e incluso la muerte, son expresiones físicas del miedo a despertar. 3Son intentos de reforzar el sueño debido al miedo a despertar.”
Un Curso de Milagros

7El cuerpo puede parecer cambiar con el tiempo, debido a las enfermedades o al estado de salud, o a eventos que parecen alterarlo. 8Mas esto sólo significa que la mente aún no ha cambiado de parecer con respecto a cuál es el propósito del cuerpo. 8. La enfermedad es la exigencia de que el cuerpo sea lo que no es. 2Su insustancialidad, no obstante, garantiza que no puede enfermar.
Un Curso de Milagros

Pachita

“Conocí a Pachita cuando debía conocerla. Me pregun­taba en ese entonces hasta dónde debía impulsarse la individualidad. Aún más, me interrogaba acerca del sen­tido real de la individualidad y todo lo que encontraba como respuesta no me satisfacía. Al mismo tiempo, algo dentro de mí no estaba completo. Con Pachita aprendí que la individualidad se conserva aún después de la muer­te corporal, que la sensación de ser un yo mismo inde­pendiente y completo es sana y debe expandirse hasta acceder al todo, que la Unidad no se alcanza destruyen­do el yo sino transformándolo después de aceptarlo. Todo me recordaba a John Uooke quien decía que el ego debe ser amado, conocido y después olvidado. Su regalo más grande fue el entender que se es siempre y que por lo tanto es necesario respetar la vivencia de la existencia y no invalidarla.

Lo que veía en casa de Pachita desafiaba en un grado tan fundamental mis concepciones acerca del cuerpo y su importancia que después de la primera sesión de ope­raciones salí a la calle sintiéndome un espíritu y vivien­do mi cuerpo como una especie de vehículo. Las notas después de esta sesión reflejaban ese estado de ánimo:
“... mi cuerpo, mi cuerpo es sólo un instrumento, me dije a la salida de la casa de Pachita.
El mercado con las flores brillaba en esa madrugada y yo me sentía unido con todo.
Las flores son hermanitas, la tierra es hermanita, los gusanos son hermanitos, los pájaros, las víboras, los ojos.
Mi cuerpo no me pertenece, mi cuerpo es un instrumento, el espí­ritu se mueve.
Mis manos estaban rojas de la sangre vertida con el cuchillo de monte...”
En esa primera sesión de operaciones yo había visto como una mujer se aproximó a “Pachita” para acostarse en una cama improvisada hecha de tablas semirrotas y allí en medio de todos, un cuchillo de monte se introdu­jo en su vientre para sacar un tumor y transplantar algún órgano interno. Esa mujer, la primera persona que vi operar, me dejó una huella indeleble. Recuerdo que a punto de desmayarme tras ver la operación, algo en mí decidió proseguir y tomar todo con naturalidad y fuerza. ¿Qué fue y como logré no gritar de horror o salir corrien­do de allí? ¡No lo sé! Lo cierto es que a partir de cierto instante me sentí como en mi casa y lo único que desea­ba era ayudar y aprender.
Recuerdo que después de esa sesión estaba tan ham­briento que decidí ir a cenar a un restaurante. Me senté y vi que todos se me quedaban viendo. Volteé a ver mis manos y me di cuenta que estaban rojas de sangre.
El caso más extraordinario y el que me enseñó que realmente no existen límites, fue el de una niña, quien en una operación convencional había sido sobreaneste­siada, dejándole su cerebro muerto por la falta de oxíge­no. Los padres, desesperados después de ver una docena de neurólogos, dieron con Pachita y le pidieron ayuda. Pachita aceptó y la segunda operación que vi aquella primera noche, fue un trasplante de corteza cerebral en la niña sobreanestesiada.
Aquello fue demasiado difícil para mí.
Durante más de diez años me he dedicado a investigar algunos aspectos de la fisiología cerebral y aunque me considero bastante revolucionario entre mis colegas, jamás me imaginé, ni podría haber aceptado, que una parte del cerebro pudiera trasplantarse de un ser huma­no a otro. Jamás lo hubiera aceptado de no haberlo visto, pero el caso es que lo vi y eso me transformó tan profun­damente que a partir de ese momento, todas mis con­cepciones psicofisiológicas cambiaron. La niña era un “vegetal” que no se movía ni hablaba ni controlaba sus esfínteres. En esa operación, y en cuatro subsecuentes, “Pachita” cortó el cuero cabelludo con el cuchillo de monte y después abrió el hueso del cráneo usando un pedazo de sierra de plomero.
Yo veía eso y parte de mí pensaba que no era cierto y otra que era maravillosamente real.
Después “Pachita” hizo aparecer una sección de cor­teza humana, tomó un pedazo en sus manos, le lanzó su aliento y le ordenó que viviera: ¡vive!, ¡vive! le gritaba.
Después, con la ayuda del cuchillo, introdujo el peda­zo de corteza al cráneo de la niña y con una serie de movimientos extraños, lo dejó depositado allí. Por fin, la herida se cerró después de que yo fui invitado a colo­car mis manos encima de la misma. A eso se le llamaba saturar. La niña fue vendada y devuelta a sus padres.
La operación se realizó sin anestesia, sin asepcia y considerando su magnitud y seriedad, lo que se podía haber esperado como mínima reacción era una menin­gitis fulminante. En lugar de ello, la niña se presentó a los quince días para una nueva operación, sin infeccio­nes, sin haberse muerto de shock postoperatorio y con algún síntoma de mejoría. De hecho, después de cuatro operaciones similares a la descrita, yo vi a esa niña empe­zar a tener movimientos voluntarios, balbucear vocablos, quejarse de dolor y molestias y sonreír, ¡sí! ¡sonreír!
Cuando yo vi sonreír a esa niña y alcancé a compren­der los motivos de su alegría, entendí que lo más funda­mental es lo de mayor alcance espiritual, lo que cual­quiera comprende, lo que se encuentra presente en todos los niveles, lo clásico, lo que se siente como certeza y mismidad.
Era el cumpleaños de Cuauhtémoc y el recinto de las operaciones fue vestido de flores y saturado de incienso. Pachita se sentó en el centro del cuarto, respiró profun­damente y unos minutos más tarde, el saludo de Cuauh­témoc nos introdujo a un mundo mágico. En un mensaje magnífico, el Hermano nos comunicó sus deseos y su amor. En cierto momento empezó a hablar de Dios y de sus designios. La niña en su silla de ruedas estaba en el recinto acompañada de sus padres y en el instante en el que el Hermano llega a la máxima profundidad espiritual, la niña sonrió. Cada vez que Cuauhtémoc alcanzaba un nivel que yo sólo podría catalogar como de total tras­cendencia, la niña volvía a sonreír. Fuera de esos niveles, yo no notaba reacción alguna en ella. Aquello me ense­ñó lo que ya mencioné y me llenó de fe.
Una de las facetas más misteriosas de la obra era lo que acontecía con la conciencia de Pachita durante las operaciones. Recuerdo que cuando le leí el libro, la más asombrada era ella como si no recordara lo que aconte­cía en las operaciones o como si no hubiese estado en ellas. Esto último parecía lo más probable. Pachita, la conciencia de Pachita estaba ausente durante las opera­ciones. ¿Cómo explicar esto? En realidad no lo sé.
Armando y la misma Pachita decían que el espíritu de Pachita se iba de su cuerpo y que el espíritu del Herma­no lo ocupaba mientras tanto. Creo que esta última era una explicación demasiado simple para lo que verdade­ramente acontecía. Quizá, Pachita funcionaba en un nivel en el que su conciencia se conectaba con la estruc­tura más fundamental de lo que la física llama lattice y de allí extraía todo su poder.
Una muestra de este poder yo la tuve en Parral. Cuan­do llegamos a esta ciudad, una sequía la tenía sedienta durante meses. Los campos estaban secos y la gente se quejaba del calor y de la falta de agua. Pachita hizo lo mismo. Usando el peor caló, maldijo la sequía y pidió lluvia. A la media hora empezó a caer una llovizna ligera y en la noche comenzó una tormenta que no disminuiría su volumen de precipitación durante varios días.
Los ríos de Parral se empezaron a desbordar y en las calles la gente volteaba a ver el cielo y con ademanes de sorpresa y beneplácito agradecían la lluvia.
En el estado de Morelos yo había visto a Don Lucio controlar una tormenta y me había maravillado de su poder. Lo que hacía Pachita me maravillaba aún mas. ¿De dónde venía su fuerza?
De pequeña, Pachita había sido abandonada por sus padres y adoptada por un negro africano llamado Charles. Durante 14 años Charles cuidó de Pachita y le enseñó a ver las estrellas y a curar.
Después, Bárbara Guerrero (Pachita) luchó al lado de Villa, fue cabaretera, vendedora de billetes de lotería, cantaba en camiones de paso... Creo que haber vivido tantas experiencias la conectaron con lo que trascendía de todas ellas. De alguna manera, Pachita había logrado dejar atrás muchas ilusiones y eso la colocaba en un pun­to de contacto íntimo coñ la verdadera Realidad. La verdadera Realidad era lo que hacía.
Me parece que lo que he dicho no logra explicar por qué Pachita no era consciente durante las operacio­nes, a menos de aceptar que lo que nosotros conocíamos de Pachita, la personalidad que nos mostraba cotidiana­mente era una especie de matriz de relaciones aparentes que desaparecía cuando la verdadera Pachita aparecía.
Creo que Armando no estaría de acuerdo con lo ante­rior. El era el ayudante más veterano de Pachita y él mismo también se dedicaba a curar.
Sin embargo, él sí conservaba su conciencia habitual. Alguna vez me dijo que había hecho un trato con el Hermano y que este trato consistía en que a cambio de mantener su conciencia, no recibiría tanta protección como Pachita. Por eso, me confesó, -he tenido tantos daños y Pachita me ha tenido que operar tantas veces-.
Por supuesto que los daños y su significado merecen algún intento de explicación. Pachita y todo el chama­nismo mexicano distinguen entre enfermedad buena y enfermedad mala. La enfermedad buena la consideran natural y curable con medicinas convencionales. La enfermedad mala, en cambio, son los daños. Alguien tiene una envidia (me explicaba alguna vez Don Lucio) y la persona envidiada recibe una carga energética que lo enferma. Los daños son las introyecciones de los malos pensamientos de los otros, son las malas intenciones detectadas a niveles corporales.
Me parece que toda la concepción de los daños mere­ce un estudio profundo, sobre todo para entender cómo una alteración en las características del campo neuronal puede materializarse en un cuerpo.
A las materializaciones a partir de la aparente nada, Pachita las denominaba “Aportes”. De pronto, Pachita hacía una serie de movimientos extraños con las manos y sin que previamente hubiera un objeto, algo aparecía en la palma de su mano. Estas materializaciones eran cotidianas y parte normal de las sesiones. La física actual también ha observado algo similar en la súbita aparición de partículas elementales a partir de la lattice. Creo que el cerebro de Pachita era capaz de alterar la morfología del espacio y eso se manifestaba como una súbita mate­rialización de un objeto.
A mí me dio un aporte que describo en uno de los capítulos de este libro. Por supuesto que la explicación que he ofrecido no dice nada acerca de la especificidad de los aportes. Yo recibí un pequeño óleo pintado por un artista chino llamado Flo; Memo, un hijo de Pachita, una medalla de oro con los símbolos de las doce tribus de Israel; Armando, algo diferente. ¿De dónde provenían esas formas materializadas y cómo surgían tan perfectas e impecables? ¡No lo sé!
Pachita se consideraba miembro de la tribu perdida de Israel. En realidad, históricamente las doce tribus de Israel se dividieron hace miles de años. Diez tribus aban­donaron el territorio de Israel. De esta forma, se puede hablar de la existencia de diez tribus perdidas de Israel. Pachita aseguraba pertenecer a una de ellas.
No puedo añadir nada más porque nunca hablé con Pachita acerca de ello.
Los pacientes que iban a ser operados, se sometían a la ingestión pre-operatoria de una serie de medicinas provenientes de otras tantas hierbas naturales. Memo ayudaba en la confección de las mismas y alguna vez me explicó cómo las preparaban. En las consultas, estas hierbas eran recetadas. Su variedad era extraordinaria lo mismo que las formas en las que se preparaban. Recuer­do que a los pacientes diabéticos Pachita les recomenda­ba tomar un vaso de agua con clavos oxidados (solamen­te el agua por supuesto). Algunos de estos remedios los describo en el libro, por lo que allí refiero al lector inte­resado.
En las primeras sesiones, yo no distinguía o más bien no aceptaba que el Hermano y no Pachita operaba. Por supuesto, el cuerpo de Pachita no desaparecía durante las operaciones, lo que se transformaba era su personali­dad. Yo estaba acostumbrado a meditar y sabía que una etapa de la meditación se caracteriza por un estado de apertura hacia contenidos inconscientes. Cuando se llega allí, se reciben mensajes y se vislumbra la existencia de un estado de conocimiento puro y alejado de convencio­nalismos. Todo ello se experimenta y se vive como algo maravilloso, pero se siente que pertenece al uno mismo, que el yo no desaparece y otra entidad ocupa el cuerpo.
¡No, eso no se experimenta! Más bien la sensación es la de estar en contacto con otro nivel de uno mismo. Para Pachita y para Armando, una transformación simi­lar indicaba la entrada de otra entidad, el abandono del cuerpo por el uno mismo y la ocupación del mismo cuer­po por otro ser. Yo no podía creer eso y me resistí a aceptar la transformación que veía en la personalidad de Pachita como señal de la desaparición de Pachita y la aparición del hermano Cuauhtemoc. Más bien, suponía que Pachita se introducía a un nivel de sí misma extraor­dinariamente poderoso y diferente al de su yo normal, pero era ella misma transformada y no otro ser ocupan­do su cuerpo.
Al terminar la primera sesión de operaciones, acom­pañé a una de las ayudantes de Pachita a su casa. Platica­mos durante el trayecto:
Mi hija no podía respirar, escupía sangre y no había nada que hacer. La llevé con el Hermano, le sacó los pulmones, materializó unos pulmones nuevos y se los injertó. Sólo se me ocurrió preguntarle si había podido respirar entre la extracción y el injerto.
- ¿Pudo respirar?
La mujer se rió y me dijo que habían sido unos pocos segundos de intervalo entre una y otra maniobra...
Recuerdo que yo estuve a punto de decirle que no era el Hermano el que había hecho aquello sino la misma Pachita en otro nivel de conciencia pero me contuve. ¿Quién era yo después de todo para afirmar algo así? Jamás en ninguna meditación había yo llegado a un nivel en el que pudiera trasplantar unos pulmones. ¿Cómo podía yo saber si en verdad Cuauhtémoc existía y era capaz realmente de ocupar el cuerpo de Pachita?
A partir de ese momento decidí no juzgar y simple­mente aceptar lo que veía y oía.
Pero no era fácil. Yo pensaba que la Unidad existía y que la individualidad debía desaparecer para lograr la Unidad y he aquí que si Cuauhtémoc era una entidad individualizada, entonces la individualidad no desapare­cía. El intento de equilibrar mi concepto de Unidad con el de individualidad me llevó a una etapa de confusión de la que salí cuando meses después de la muerte de Pachita conocí a los Sufis.
“Un maestro Sufi hablaba con Dios:
Dios, le decía, muéstrame tu presencia sin el velo de tus atributos.
Dios le contestaba con una nega­tiva
¡NO!
El Sufi le rogaba:
¡Te lo suplico! Dios le decía:
¡NO!, porque no podrás resistir la soledad de mi divina unidad.
El Sufi emocionado replicaba:
¡Pero si eso es precisamente lo que deseo, llegar a la
Unidad!
Pues bien, Dios accedía, sabe entonces que tú eres aquello. .”
¡Tú eres aquello! Esa respuesta me convenció de la ausencia de una real dicotomía. En la Unidad, la expe­riencia de existencia persiste. En la Unidad se llega al “uno mismo’’ que es idéntico para todos.
No intento invalidar la existencia del Hermano. Sim­plemente describo lo que vi sin negar experiencias y sin someter las vivencias a juicios críticos reduccionistas. Por ello, hablo de Cuauhtémoc y de Pachita y de Ar­mando y de mí mismo como seres diferentes uno del otro, cuando en realidad todos somos un mismo y único Ser.
Durante toda mi experiencia al lado de Pachita, cog­niciones interesantes aparecieron en mi mente. Las he compilado y algunas de ellas las reproduzco al final de este libro. Las he titulado MURMULLOS DEL SILENCIO aparecieron en momento de silencio conceptual y de gran paz. Aunque no relatan incidentes y aparentemente no están relacionadas con el resto de la obra, creo que su inclusión está justificada por haber aparecido durante mi colaboración con Pachita y porque enriquecen el texto.
Aunque en ocasiones la tentación casi traicionó mi prudencia, no he querido retocar los capítulos que ya estaban escritosni tampoco añadir nuevas descripciones. Creo que haberlo hecho atentaría en contra de la frescu­ra del texto. Una posible desventaja, sin embargo, es que algunas frases pudieron mejorar con una corrección o una, descripción clarificarse usando el mismo procedi­miento. Espero que el lector disculpe tales faltas y apre­cie la frescura original. Esta última (cuando existe) resul­ta de haber escrito mis experiencias el mismo o el si­guiente día después de las sesiones. Algo en mí mismo se comprometió a escribir con la mayor cantidad de deta­lles y eso sólo era posible hacerlo con un intervalo míni­mo entre la experiencia y la descripción de la misma. Sin embargo, confieso que mis propias carencias son un lí­mite insalvable y que jamás pude describir todo lo que yo deseaba. Espero que lo descrito sea suficiente para que el lector sienta el carácter y la atmósfera de la obra de Pachita y del Hermano.
Mis antecedentes como psicofisiólogo están incluidos en algunos capítulos y secciones. Quiero decir con lo anterior que en algunas partes me introduzco en tecni­cismos y explicaciones fisiológicas que quizá sólo sean entendibles para el especialista. Creo que tengo algún derecho de incluir mi propia visión de esta obra y por ello me he atrevido a no suprimir las partes del libro con sabor fisiológico.
Han transcurrido años desde que viví las experiencias con Pachita y siento que no soy el mismo que era antes de conocer a esa maravillosa mujer. Su amor hacia todos sus pacientes era ejemplar, su entrega a la obra de curar­los total y su buen humor y frescura hacían especial­mente deliciosas las ocasiones en las que tuve oportuni­dad de acompañarla. En verdad, la extraño y la recuerdo mucho.
Considero que este libro es una continuación de la obra iniciada por Pachita y su heredad. Ojalá que el que lo lea impulse su amor al prójimo, a sí mismo y a Dios.”
"Los Chamanes de México, Volumen III PACHITA": Presentación; Jacobo Grinberg-Zylberbaum
















Video sobre Enrique Ugalde "El hermanito" hijo de Pachita
Documental en frances, con extensas entrevistas en español. Valioso testimonio sobre Pachita y "el Hermanito", Cuauhtemoc.


“De pie a su lado vi, después de verter allí clara de huevo, co­mo hundía el dedo índice, que tenía una larga uña pintada con laca roja, en el ojo de un ciego. La vi cambiar el corazón a un paciente, al que pareció abrirle el pecho con un solo tajo, haciendo saltar un chorro de sangre que me manchó la cara. Pachita me obligó a meter la mano en la herida para que palpara la carne desgarrada. (Cuando le conté a Guillermo que la sentí fría como un bistec crudo, me dijo que era porque el Hermano realizaba esos trabajos en una dimensión astral, dis­tinta a la nuestra.) Sentí llegar a ese hueco el nuevo corazón, al parecer comprado con anterioridad por Enrique, no se sabía a quién ni dónde, quizás a un empleado corrupto de la morgue. La masa muscular se había implantado en el enfermo de for­ma mágica. Este fenómeno se repetía en cada operación. Pa­chita tomaba un trozo de intestino que, no bien lo colocaba so­bre el «operado», desaparecía en su interior. La vi abrir una cabeza, sacar sesos cancerosos y meter allí nuevo tejido encefá­lico. Esa ilusión táctil y óptica, si ilusión era, iba acompañada de efectos olfativos, el olor de la sangre, la hediondez de los cánceres y daños.., y de efectos auditivos: el ruido acuoso de las vísceras, o el resonar de los huesos cortados por una sierra de carpintero. A la tercera operación, todo comenzó a parecerme natural. Estábamos en otro mundo. Un mundo en el que las le­yes naturales eran abolidas. Si se trataba de hacer una transfu­sión porque el paciente se estaba desangrando, el Hermano metía el extremo de un tubo en su propia boca y el otro extre­mo en un agujero del brazo y comenzaba a escupir litros de lí­quido rojizo. En dos ocasiones vi cómo se transformaba el da­ño en una especie de animal que parecía resoplar y mover excrecencias como patas. A las doce de la noche, alucinado, cubierto de sangre, regresé a mi casa. Ya nunca más el mundo sería igual. Había visto por fin a un ser superior ejecutando mi­lagros, falsos o verdaderos.”
"La danza de la realidad": Alejandro Jodorowsky

Percepción

Lo que denominamos realidad es resultante de una valoración que hace nuestra mente de cuanto percibimos a través de los sentidos. Trascender este mecanismo de percepción y evaluación requiere de un esfuerzo sobrehumano, así como de una necesaria ayuda proveniente de otros planos.
“Los siete rayos”: Velasco Piña, Antonio; p. 23

5Verás aquello que desees ver. 6Y si la realidad de lo que ves es falsa, lo defenderás no dándote cuenta de todos los ajustes que has tenido que hacer para que ello sea como lo ves.


2El mundo que ves te muestra exactamente lo que creíste haber hecho. 3Excepto que ahora crees que lo que hiciste se te está haciendo a ti.

1. Es imposible no creer en lo que ves, pero es igualmente imposible ver lo que no crees. 2La percepción se construye sobre la base de la experiencia, y la experiencia conduce a las creencias. 3La percepción no se estabiliza hasta que las creencias se cimientan. 4De hecho, pues, lo que ves es lo que crees.

8 ... en todo lo que ves no haces sino contemplarte a ti mismo. 9 ... lo que él aparenta ser es la imagen que tú tienes de ti mismo.


El observador colapsa la función de onda

"7Aún sigue siendo cierto, no obstante, que no hay nada afuera. 8Sin embargo, es sobre esta nada donde se lanzan todas las proyecciones. 9Pues es la proyección la que le confiere a la "nada" todo el significado que parece tener.
10. Lo que carece de significado no puede ser percibido. 2Y el significado siempre busca dentro de sí para encontrar significado, y luego mira hacia afuera. 3Todo el significado que tú le confieres al mundo externo tiene que reflejar, por lo tanto, lo que viste dentro de ti, o mejor dicho, si es que realmente viste o simplemente emitiste un juicio en contra de lo que viste."
Un curso de milagros: Cap 20 "La visión de la santidad"; VII La visión de la impecabilidad

Bibliografía del Dr. Jacobo Grinberg-Z. (Orden cronológico):

1.- La Experiencia Interna; Trillas, México 1975. INPEC 1987
2.- La Construcción de la Realidad; Trillas, México 1975. INPEC 1987
3.- Las Creaciones de la Existencia; Trillas, México 1976
4.- El Vehículo de las Transformaciones; Trillas, México. 1976
5.- Más allá de los Lenguajes; Trillas, México 1976
6.- Psicofisiología del Aprendizaje; Trillas, México 1976
7.- Nuevos Principios de Psicología Fisiológica; Trillas, México 1976
8.- El Despertar de la Conciencia; Trillas, México 1978
9.- Los Fundamentos de la Experiencia; Trillas, México 1978
10.- El Cerebro Consciente; Trillas, México 1979
11.- Bases Psicofisiológicas de la Memoria y el Aprendizaje I: Fase de la Memoria; Trillas, México 1979
12.- Bases Psicofisiológicas de la Memoria y el Aprendizaje II: La Localización de la Memoria; Trillas, México 1979
13.- Bases Psicofisiológicas de la Memoria y el Aprendizaje III: Naturaleza de la Memoria; Trillas, México 1980
14.- Bases Psicofisiológicas de la Percepción Visual I: Estructuras Subcorticales; Trillas, México 1981
15.- El Espacio y la Conciencia; Trillas, México 1981
16.- Las Manifestaciones del Ser I: Pachita; EDAMEX, México 1981
17.- Las Manifestaciones del Ser II: Cuauhtemoctzin; EDAMEX, México 1982
18.- La Luz Angelmática; EDAMEX, México 1983. INPEC 1988
19.- En Busca del Ser; INPEC, México 1987 - 1990
20.- Correlativos Electrofisiológicos de la Comunicación Humana. Facultad de Medicina. UNAM Tesis Doctoral 1987
21.- Meditación Autoalusiva; INPEC, México 1987 - 1990
22.- Retorno a la Luz; SEP, México 1987
23.- La Expansión del Presente; INPEC, México 1988
24.- Creation of Experience; INPEC, México 1988
25.- Psicofisiología del Poder; INPEC, México 1988
26.- Cantos de Ignorancia Iluminada;. INPEC, México 1988
27.- Los Chamanes de México I: Psicología Autóctona Mexicana; Alpa Corral, México 1987. INPEC 1990
28.- Los Chamanes de México II: Misticismo Indígena; Alpa Corral, México. 1987
29.- Los Chamanes de México III: Pachita; INPEC, México 1989. Heptada Madrid España 1990
30.- Los Chamanes de México IV: La Cosmovisión de los Chamanes; INPEC, México 1988
31.- Los Chamanes de México V: El Cerebro y los Chamanes; INPEC, México 1989
32.- Los Chamanes de México VI: La Voz del Ver; INPEC, México 1989
33.- Los Chamanes de México VII: El Doble; INPEC, México 1990
34.- La Creación de la Experiencia; Los libros del Comienzo, Madrid España. 1990
35.- Técnicas de Meditación Trascendente; Heptada Madrid España 1990
36.- La Conquista del Templo; Heptada, Madrid España 1990
37.- La Meditación; INPEC, México 1991
38.- Fluir en El sin yo; INPEC, México 1991
39.- La Teoría Sintérgica; INPEC, México 1991
40.- La Batalla por el Templo; INPEC, México 1991
41.- La Fuerza Vital del Cielo Anterior;. INPEC, México 1991
42.- El Prototipo; INPEC, México 1991
43.- Recontre avec les Chamans du Mexique; Editions Le Mail, Aix en Provence, Francia 1994
44.- El Sabor de la Iluminación; Sirio 1994
45.- Los cristales de la galaxia
46.- El YO como idea; INPEC-UNAM. México, 1994.

Jacobo Grinberg
Doctor en Ciencias Biomédicas, UNAM



“… había intuido una posibilidad. Según las enseñanzas, el tiempo y el Espacio se podían trascender.
...
Había allí una puerta dimensional a través de la cual recibiría respuestas a sus preguntas.
...
... a partir de su paso al "otro mundo". No moriría como el resto de los hombres sino que atravesaría la frontera entre los mundos consciente y voluntariamente. Su cuerpo desaparecería sin dejar rastro alguno ....”
El prototipo”: Jacobo Grinberg-Zilberbaum

Extractado de “El retorno de lo sagrado"; VI Círculos internos Terrestres y Celestes: Antonio Velasco Piña

Sede del INPEC
Instituto Nacional para el Estudio de la Consciencia
Estusha (su hija) y Lizzete (su primera esposa)
Al fondo parte de la biblioteca de Jacobo

Las dimensiones y el tiempo


Aquel que comprenda estas verdades podrá acceder al espacio-tiempo de las partículas elementales, del átomo, de las moléculas, de la célula, del hombre, de la Tierra y los planetas, del Sol, de la Galaxia y del Universo.

Lo que ya está en tu mente lo percibes como espacio, lo que aun no está en tu mente lo percibes como tiempo.

Teorema de las dimensiones:
La perspectiva de la dimensión enésima Dn observada desde una dimensión inferior Dn-1, presenta una proporción constante dada por Dn2/D(n-1)3.

Corolario: "Tercera ley de Kepler"
En el caso particular de la conciencia común del hombre, la proporción entre la perspectiva de aquello que denominamos la cuarta dimensión D4 (espacio-tiempo o eternidad) y que ilusoriamente percibimos como tiempo T y el espacio de longitud lineal R dentro de esta tercera dimensión D3 donde creemos encontrarnos, es constante e igual a T2/R3.
Aquarius


DIMENSIONES

Desde arriba lo separado es uno
penetrando en dimensión eterna.

Lo unido se entremete
cuando el tiempo en espacio
se convierte.

Aumentando la información simultanea
se procura el cambio.

El todo es en vida
parte de los que sigue
cuando se muere.

Así se penetra en la
dimensión siguiente.
"Cantos de Ignorancia Iluminada" - Jacobo Grinberg




“Y Un vez que el hombre haya evolucionado a un entendimiento mayor de Luz, usará también ecuaciones de energía espiritual que le permitirán la facilidad del viaje espacial a otros universos, y recibir las enseñanzas y educación de la conciencia que la Evolución Superior desea compartir con nuestra sociedad planetaria.”
Las claves de Enoc: J. J. Hurtak; Clave 301:37


“6El milagro reduce al mínimo la necesidad del tiempo. 2En el plano longitudinal u horizontal el reconocimiento de la igualdad de los miembros de la Filiación parece requerir un tiempo casi interminable. 3El milagro, no obstante, entraña un cambio súbito de la percepción horizontal a la vertical. 4Esto introduce un intervalo del cual tanto el que da como el que recibe emergen mucho más adelantados en el tiempo de lo que habrían estado de otra manera. 5El milagro, pues, tiene la propiedad única de abolir el tiempo en la medida en que hace innecesario el intervalo de tiempo que abarca. 6No existe relación alguna entre el tiempo que un milagro tarda en llevarse a cabo y el tiempo que abarca. 7El milagro substituye a un aprendizaje que podría haber durado miles de años. 8Lo hace en virtud del reconocimiento implícito de la perfecta igualdad que existe entre el que da y el que recibe en la que se basa el milagro. 9El milagro acorta el tiempo al producir su colapso, eliminando de esta manera ciertos intervalos dentro del mismo. 10Hace esto, no obstante, dentro de la secuencia temporal más amplia.”
“Un Curso de Milagros”; II. La revelación, el tiempo y los milagros


Viajeros en el tiempo

Viaje facil a otros planetas

Hogar sagrado

Una imagen de Dios




Imagina un tiempo donde todo es uno …

El tiempo previo a la gran explosión que inició nuestro universo.
En ese tiempo antes del tiempo, toda materia y toda energía,
todo en el plano físico y todo en el plano espiritual eran uno.

Ahora imagina que la explosión que inicia el tiempo,
genera una división en la unidad que crea la multiplicidad.
Imagina un óvulo.
Este óvulo es fecundado,
una gran cantidad de energía penetra en él, lo mueve …
Finalmente, se divide y estas divisiones se dividen,
se dividen, se dividen y recrean una y otra vez.
De pronto, estas divisiones, comienzan a tomar forma y función diferentes,
pero siguen siendo iguales en esencia.
Forman tejidos, órganos, sistemas, membranas, espacios …
Forman un ser, un ser que seguirá creciendo,
creando materia, emociones, formas de pensamiento, intenciones y formas espirituales, creando vida, creando óvulos.
La unidad dividida, se expande conforme va recreándose a si misma, crea multiplicidad en el plano físico y multiplicidad en el plano espiritual.
Llama al plano físico Universo.
Al plano espiritual Dios.

En el tiempo en el que el tiempo empezó la materia y la energía parecían ser diferentes una de la otra y el universo se dispersó infinitamente. En el tiempo en el que el tiempo empezó surgió también un estado en el que las almas de todos los seres parecían ser diferentes una de la otra, esta unidad se dispersó infinitamente, separando sus aparentes partes cada vez más y creando aparentes dualidades.
El todo en si mismo polar recreándose a si mismo una y otra vez …
En esta apariencia exterior los seres humanos vivimos en aparente dualidad. En esta existencia en el plano material la vida es opuesta a la muerte, ser mujer no es ser hombre, buscar la luz es dejar la oscuridad.

En realidad materia y energía son formas de manifestación intercambiables.

Sabemos que la onda mas leve en cualquier parte del universo afecta a cualquier otra partícula de materia y onda de energía en cualquier otra parte del universo.
Sabemos también en el profundo recuerdo de nuestras almas, que todas las piezas de Dios son una en esencia y que cualquier movimiento que alguno de nosotros hace hacia una realización más profunda de nuestra divinidad, afecta en todas partes a todas las partículas de Dios.
Podemos entender nuestro viaje como un moverse de la unidad original a la multiplicidad fragmentada y de regreso a la unidad conciente.
Esa es la conciencia de unidad que nuestro ser anhela, que buscamos y podemos encontrar aquí en la tierra.


Mónica Herrera
Realizado a partir del prólogo del libro
"Encontrando a Dios en mi interior" de Donovan Tesenga

Ciencia Mágica:

Dedicamos también esta obra a los que se han formado fuera de las universidades, a todos aquellos que no pueden comprender la importancia fundamental que se da, en esta humanidad a la que pertenecemos, a la ciencia experimental, en contra de la ciencia mágica que existe y ha existido siempre, pero que no puede ser "demostrada" en un laboratorio. Los fenómenos de la ciencia mágica no pueden someterse a experimentación en condiciones determinadas y en hora preestablecida. No por eso son menos importantes ni menos ciertos
“Historia fantástica de un descubrimiento”: Daniel Ruzó